Capítulo IV

§  'El pajarito, la escuela y la flor'


La familia se traslada finalmente a la nueva casa. Zezé sigue “hablando con su planta”, pero no es suficiente. Aunque se ha propuesto ser bueno, no puede por menos que hacer una travesura, en la que pega un susto de muerte a una mujer embarazada. Esto le cuesta a Zezé una zurra. A los pocos días, comienzan las clases. La maestra enseguida siente un gran cariño por Zezé, (y viceversa), ante un alumno tan brillante y cariñoso, pese a las dificultades que tiene que superar. Una vez más, da muestras de su honradez, cuando la maestra se presta a ayudarle económicamente, y él se niega, porque hay una chica que es más pobre que él. También, roba una flor para regalársela a su maestra, y cuando esta le descubre y le explica que esto no está bien, le crea un cargo de conciencia tal, que el niño está convencido de que es una mala persona. En realidad, la maestra, abrumada, piensa todo lo contrario. Zezé le explica a Minguito (su planta) una nueva travesura, que hacen los mayores, pero que él se propone superar. Se trata de agarrarse a los coches cuando están en movimiento. Todos los chicos lo hacen, pero nadie ha logrado nunca realizar esta temible práctica en el mejor coche del barrio; el flamante coche del portugués.